Economistas sugieren que un buen plan de estabilización definirá el futuro económico del país


En la Conferencia Boliviana en Desarrollo Económico 2025, realizada en la Universidad Privada de Bolivia, expertos de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas coincidieron en que el país se encuentra en una crisis cambiaria e inflacionaria sin precedentes en dos décadas, y que las decisiones que tome el próximo Gobierno en su primer mes serán determinantes para evitar un deterioro mayor.

La sesión semiplenaria II, titulada “Tipo de Cambio y Estabilidad Macroeconómica en Bolivia: Retos y Perspectivas”, reunió a reconocidas figuras de la economía nacional: Pablo Cuba, Juan Antonio Morales, Enrique García y Werner Hernani, en esta ocasión miembros de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas (ABCE), junto a Pablo Mendieta, representando a la Sociedad de Economistas de Bolivia (Sebol) y moderador del panel.

El debate se centró en el diagnóstico de la coyuntura y las posibles rutas de estabilización. Los panelistas coincidieron en que Bolivia enfrenta una crisis compleja, caracterizada por una devaluación de facto cercana al 60% en el mercado paralelo, una inflación acumulada en siete meses que bordea el 17%, reservas internacionales que han caído a niveles históricos mínimos y un déficit fiscal que se mantiene de manera consecutiva desde hace más de una década.


Cambios enfocados en un ajuste fiscal
Para Pablo Cuba, la situación actual exige un plan de estabilización inmediato, en el que los primeros 30 días serán “cruciales” para definir el rumbo de la economía. “El tiempo de reacción es fundamental. Si no se toman medidas rápidas y coordinadas, el costo de la corrección se multiplicará, con impactos sociales y políticos mucho más difíciles de manejar”, advirtió.

Entre las acciones urgentes, Cuba destacó la necesidad de ajustar el gasto público, restablecer la confianza en el sistema financiero y avanzar hacia un tipo de cambio unificado que reduzca las distorsiones entre el mercado oficial y el paralelo.

Morales se enfocó en que la raíz del problema está en la falta de disciplina fiscal. Señaló que el déficit gemelo, fiscal y comercial, ha generado una presión sostenida sobre las reservas y el tipo de cambio, que no podrá resolverse sin un ajuste profundo.

“El gasto público ha crecido a un ritmo insostenible, financiado en gran medida por recursos extraordinarios que ya no existen. En la actualidad la producción de gas natural está en caída y los ingresos externos se han reducido drásticamente. Seguir postergando la corrección fiscal solo prolongará la agonía”, afirmó.


Morales planteó, además, que un plan de estabilización debe ser creíble y respaldado por un acuerdo político amplio, ya que las medidas necesarias, como la revisión de las subvenciones a los hidrocarburos o la devaluación oficial, serán políticamente costosas.

García, que también fue expresidente de CAF, Banco de Desarrollo de América Latina y El Caribe, subrayó que cualquier ajuste macroeconómico debe ir acompañado de reformas estructurales orientadas a diversificar la economía. “No podemos seguir dependiendo de un puñado de productos de exportación. La falta de diversificación nos expone a shocks externos y limita nuestra capacidad de generar empleo de calidad. Necesitamos una estrategia de desarrollo productivo que complemente la estabilización macroeconómica”, sostuvo.


También alertó que Bolivia enfrenta un escenario internacional más adverso que en el pasado, con condiciones financieras más restrictivas y una competencia creciente por atraer inversión extranjera. “Para ser competitivos, debemos garantizar seguridad jurídica, estabilidad regulatoria y apertura inteligente a los mercados”, acotó García.

La perspectiva monetaria
Hernani, por su parte, hizo hincapié en que el Banco Central de Bolivia (BCB) debe recuperar independencia y credibilidad para poder conducir un proceso ordenado de estabilización. “La brecha cambiaria entre el tipo de cambio oficial y el paralelo es una señal de pérdida de confianza. La política monetaria debe enfocarse en reducir esa brecha y controlar la inflación, pero eso solo será posible si se corrige el déficit fiscal que la alimenta”, explicó.

Agregó que la experiencia internacional demuestra que los primeros 30 días de un programa de estabilización son determinantes: “Ahí se gana o se pierde la credibilidad. Si las medidas son parciales o inconsistentes, el mercado las descuenta rápidamente y el ajuste fracasa”.

El desafío político y social
El economista Pablo Mendieta, recordó que Bolivia atraviesa un momento político delicado, con elecciones presidenciales en puerta, lo que condiciona la capacidad de implementar medidas impopulares. Sin embargo, consideró que la magnitud de la crisis podría abrir espacio para un consenso mínimo sobre la urgencia de estabilizar la economía.

“Estamos ante una situación donde las decisiones económicas no pueden esperar. La próxima administración tendrá que actuar desde el primer día, comunicando con claridad los objetivos, las medidas y los plazos. La transparencia será clave para que la población entienda que los sacrificios iniciales son el costo para evitar un colapso mayor”, aseveró.  (Economy)