La recesión de la economía boliviana continuará con -3,3% para este 2026


El Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta que la economía boliviana continúe en recesión, pero más fuerte que del 2025, con una cifra de -3,3% y registre una inflación de más de 20%, que de por sí son cifras preocupantes para el país, también la reactivación y la estabilidad se ponen en riesgo.
El informe de Perspectivas de la Economía Mundial del FMI señala que tras haber resistido al aumento de las barreras comerciales y la incertidumbre el año pasado, la actividad mundial enfrenta ahora la dura prueba del estallido de la guerra en Medio Oriente.
Bajo el supuesto de que el conflicto siga siendo de duración y alcance limitados, se proyecta que el crecimiento mundial se desacelere hasta el 3,1% en 2026 y el 3,2% en 2027. Para 2026 se estima un leve aumento de la inflación general, que volvería a descender en 2027. Se prevé que la desaceleración del crecimiento y el aumento de la inflación sean especialmente pronunciados en las economías de mercados emergentes y en desarrollo.
El economista e investigador Fernando Romero, en su análisis después de la publicación del crecimiento negativo para Bolivia, sostiene que, durante el año 2025, el país experimentó una recesión económica de -1,2% del Producto Interno Bruto (PIB), que marcó un punto de inflexión en su desempeño macroeconómico reciente.
“Ese resultado estuvo acompañado de una inflación elevada de 19,5%, un déficit en cuenta corriente de -1,9% del PIB y una tasa de desempleo de 3,3%. Las principales causas de este deterioro económico fueron la caída sostenida de la producción y exportación de gas natural, la disminución de ingresos por exportaciones, la creciente escasez de divisas (dólares) y un modelo económico altamente dependiente del gasto público”, explica sobre la crisis económica que vive el país.
A eso se sumó el encarecimiento de importaciones, lo que presionó los precios internos, generando inflación. En términos simples, Bolivia comenzó a gastar más de lo que generaba, tanto a nivel fiscal como externo.
Las consecuencias de este desempeño en 2025 fueron claras: una reducción de la actividad económica, pérdida del poder adquisitivo de los hogares y mayor vulnerabilidad externa. El déficit en cuenta corriente reflejó que el país importaba más de lo que exportaba, lo cual profundizó la escasez de dólares.
Aunque el desempleo abierto se mantuvo relativamente bajo, esto no refleja completamente la realidad del mercado laboral boliviano, caracterizado por alta informalidad.
El doctor en economía de Chile, Felipe Larraín, en su exposición sobre Bolivia en el mundo Global, presentado en ocasión de la presentación del Ranking de Bancos, sostuvo que aunque el desempleo bajó, 5% en promedio, el problema es la informalidad que alcanza a 80%, la cifra más alta de la región.
FMI
Para el año 2026, el FMI proyecta un escenario más complejo, con una recesión más profunda de -3,3%, una inflación que aumentaría a 20,7% y un entorno económico marcado por restricciones más severas.
La guerra en Medio Oriente ya afecta a la economía global por el aumento del precio del crudo, que ayer llegó a 100 dólares, pero cerró al finalizar la tarde a 97% el Brent y WTI.
Romero indica que las causas de ese empeoramiento radican en la continuidad de la caída del sector hidrocarburos, la persistente falta de divisas, el ajuste forzado del gasto y el impacto de factores externos adversos (guerra Medio Oriente).
Como se recordará el Banco Mundial también fijó una proyección de -3,2% para el 2026, en tanto un crecimiento de 4% para el 2027, que los economistas y autoridades de gobierno atribuyen a un rebote estadístico.
Consecuencias
Una mayor recesión se traduce en menos empleo, menor ingreso y menor dinamismo empresarial. “En términos prácticos, la economía entra en una fase de ajuste forzado”, apuntó.
Asimismo, una mayor inflación responde a varios factores: el encarecimiento de productos importados (alimentos, combustibles, otros), la presión del tipo de cambio en mercados paralelos, mayor emisión monetaria, caída de la productividad nacional y los efectos de choques internacionales, especialmente en energía y alimentos.
Paralelamente, el superávit en cuenta corriente de 1,2% del PIB no es un signo de fortaleza, sino el resultado de una fuerte caída (reajuste) de importaciones debido a la crisis. Respecto al desempleo proyectado de 4,5%, es consistente con un entorno recesivo. Sin embargo, en Bolivia este indicador debe interpretarse con cautela ya que gran parte de la población se refugia en el sector informal (85% de la fuerza laboral).
Medidas
Romero plantea un ajuste cambiario, gradual. Acompañado de políticas que mitiguen su impacto inflacionario; disciplina fiscal; reforma del sector hidrocarburos; flexibilización del mercado de divisas y una diversificación productiva y exportadora.
Larraín en su exposición dijo que sin inversión será difícil reactivar la economía. (El Diario)