Materiales más caros y poco trabajo: la construcción resiste a media máquina


Los costos subieron hasta 50% en los últimos dos años por la falta de divisas y el suministro irregular de combustible, reduciendo la demanda y afectando empleo y nuevas obras. Los importadores anticipan nuevas subidas. El sector está vulnerable


La mañana gris acompaña las caras cabizbajas de un grupo de cargadores que esperan la llegada de clientes en una de las tantas ferreterías que se extienden por la zona de Alto San Pedro. La espera es larga: a veces son horas, otras veces incluso toma días. Los vaivenes de la economía, y en especial la subida y bajada del dólar, han disparado el precio de los materiales de construcción hasta en un 50% en los últimos dos años. Esto ha mermado las ventas y generado un efecto dominó que afecta a varias actividades: desde estos cargadores, golpeados por la falta de flujo, hasta las grandes constructoras, albañiles e inmobiliarias.

El dato no es producto del azar. Proviene de un índice elaborado por la Cámara de Desarrolladores Inmobiliarios de Bolivia y se complementa con cifras de la Cámara Departamental de la Construcción (Cadecocruz), que advierte un factor clave: el 80% de los materiales del sector son importados.
En ese contexto, la presión del dólar —que llegó a superar los Bs 10— agrava aún más el panorama. Incluso insumos básicos reflejan el impacto: un grifo que antes costaba Bs 50 ahora se comercializa en torno a Bs 85, lo que representa un incremento del 70%, evidencia clara del encarecimiento en los costos del sector.

Construir cuesta más
Y es que pocos años —y con más fuerza en los últimos meses— los materiales básicos han subido de precio y hoy obligan a las familias a ajustar, postergar o encarar sus obras por etapas.


“El cemento antes valía Bs 43. Ahora está más de 70”, dice Iván Cruz Chávez que no necesita revisar apuntes. Lleva unos 15 años en el rubro y conoce los precios de memoria. Recuerda que a inicios de este año la bolsa llegó incluso a Bs 85. Hoy bajó un poco, pero sigue alto. “Se ha estabilizado, pero arriba”, resume.

El fierro —clave para columnas y estructuras— también subió con fuerza. Una barra de un cuarto de pulgada costaba Bs 17 y ahora está en 30. El incremento es de casi el 80%. “Depende del dólar, porque viene de Brasil”, dice Cruz. Y advierte que recibió avisos de nuevas subidas de sus proveedores.

La escasez de diésel también repercute en este sector. Por este problema una volqueta pequeña de arena —de 4 cubos— que antes se vendía en Bs 400 ahora llega a Bs 650. Es un salto cercano al 62,5%. La de 6 cubos también se disparó: pasó de Bs 590 a Bs 900, un incremento de más del 50%, según el sondeo que hizo EL DEBER entre los comerciantes de áridos.


El ladrillo tampoco escapa. El adobito ronda hoy Bs 1 por unidad. Si se compra por millar, el cambio es aún más evidente: de unos Bs 500 pasó a cerca de Bs 1.000, es decir, el doble. En el caso del ladrillo cerámico, el aumento es fuerte: de Bs 850–900 el millar subió hasta Bs 1.400–1.500. “Es hartísimo”, resume un vendedor.

Detrás de estos números hay dos factores que se repiten en cada explicación: el costo del diésel y la presión del dólar. El transporte se encarece, la importación pesa más y todo se ajusta hacia arriba.

La consecuencia es directa: tanto maestros de obra como clientes están obligados a recalcular. “Hay que ajustarse no más”, dice el proveedor. Incluso la mano de obra empieza a moverse al alza, empujada por el mismo contexto.


En otro punto de Alto San Pedro, Maritza Apaza confirma el mismo escenario, pero con productos de instalación y acabado.

“Esta semana subió y el primero de mayo volverá a subir”, dice. En su negocio, el cambio de precios es constante.

El cable eléctrico de 1,5 milímetros —uno de los más demandados para instalaciones básicas— pasó de Bs 210 a Bs 240 . Es un incremento de Bs 30, alrededor del 14%. “Para el cliente es bastante”, explica.


Las tuberías también están en ascenso. Un tubo de PVC de 4 pulgadas, usado en desagües y sistemas sanitarios, costaba Bs 63, pero ahora está a BS 72. Este aumento, de cerca del 14%, se multiplica cuando se compran varias unidades.

Apaza pone un ejemplo concreto: una compra típica de materiales para una obra menor, que antes estaba entre 3.000 y Bs 3.500, ahora puede subir a entre 4.100 y Bs 4.200. Es decir, hasta Bs 1.000 adicionales en algunos casos.

En los acabados, los incrementos también son claros. Un grifo básico —de los más simples para lavamanos o lavandería— pasó de 50 a Bs 65. En otros puntos de venta, como señala Cruz, puede llegar hasta 85 bolivianos. Esto representa subidas de entre 30% y más del 100%, dependiendo del modelo.


Las pinturas registran uno de los aumentos más fuertes. Un galón de 18 litros, suficiente para cubrir áreas amplias, pasó de 320 a Bs 520. Es un incremento de más del 60%.

A esto se suma la mano de obra. Un albañil que antes cobraba Bs 150 por día ahora percibe entre 200 y Bs 250. Es decir, entre un 30% y 60% más. En algunos casos, antes incluso se pagaban Bs 100 diarios, lo que muestra un aumento aún mayor en el tiempo.

Materiales más caros y poco trabajo: la construcción resiste a media máquina
Hay un freno en el sector de la construcción, por al aumento de los materiales, en especial el cemento |Ricardo Montero

Hay poco trabajo
La mañana amanece gris en Santa Cruz de la Sierra. En la zona de Alto San Pedro, por el tercer anillo interno, el movimiento es escaso en la zona de las ferreterías, en ese mismo espacio está Walter Vázquez Barrientos, 68 años, esperando.

No hay prisa, porque tampoco hay trabajo. “Gotea muy poco”, dice, con la mirada fija en la calle. Lleva toda una vida como albañil independiente, aprendiendo el oficio desde joven, sobreviviendo entre encargos que antes no faltaban. Pero ahora —asegura— todo cambió. “El 2026 muy mal. Es la primera vez que siento que está así de feo”, dice.

Antes, el jornal rondaba los Bs 150. Hoy, ni siquiera eso está asegurado. “La gente no quiere pagar más”, comenta. El problema no es solo la falta de obra, sino también la caída del pago. Menos oportunidades y peores condiciones. La ecuación es simple y dura.


A unos metros, Juan Méndez, de 69 años, se prepara para salir, aunque no sabe si habrá algo concreto. “Está pele todo”, dice, con una media sonrisa que intenta disimular la preocupación. En sus palabras hay comparación porque antes el trabajo fluía y un ahora todo cuesta más.

Un poco más allá, sentado en la sombra de un árbol, Carlos Montero espera. Es pintor, lleva entre siete y ocho años en el oficio, y su rutina se ha vuelto impredecible. “A veces hay, a veces no hay. Nos quedamos todo el día sentados … ni almorzamos”, cuenta.

Antes podía enganchar obras más largas: pintar tres o cuatro cuartos y asegurar una semana. Hoy, ni eso. “No hay”, dice, directo. Y cuando hay, el problema es el pago. “Por un cuarto cobramos 400 o 500, pero dicen que es rápido… no quieren pagar”. Explica que no es solo pintar: hay que masillar, lijar, preparar.
Las ofertas que recibe bajan hasta Bs 110 o Bs 120. “¿Qué hacemos con eso? Nada”, cuestiona.


La inestabilidad manda: tres, cuatro días sin trabajo, a veces una semana entera. “Es cuestión de suerte”, dice el pintor.

Carlos también mira más allá del día a día. Cree que el alza del dólar complicará aún más el panorama gris. “Va a empeorarlo…”. Tiene dos hijos y, aunque intenta mantener el ánimo, no oculta la preocupación. “Estamos luchando a lo que venga”.

Materiales más caros y poco trabajo: la construcción resiste a media máquina
Hay menos oportunidades de trabajo para los obreros del sector de la construcción y el monto por jornal ha descendido con relación a otros años | Ricardo Montero
Hay obras paradas
El resultado de la crisis se siente en las obras: menos construcciones nuevas, trabajos que se ralentizan y un sector que comienza a mostrar señales de alerta.

“La incertidumbre es el peor enemigo de la economía”, advierte Javier Arze, gerente de Cadecocruz. Y eso —dice— es precisamente lo que está ocurriendo.
“No estamos pudiendo importar materiales”, explica Arze. Y cuando eso ocurre, el efecto es inmediato: lo poco que hay en el mercado sube de precio. El acero, los insumos eléctricos, pinturas y otros productos ligados a importaciones o materias primas internacionales comienzan a escasear o a venderse más caros.

En el sector privado, la respuesta es cautela. Se terminan obras en marcha, pero se frenan inversiones. En el sector público —que concentra el 72% de la construcción—, un decreto de reajuste de precios busca destrabar proyectos.

Arze señala que muchas empresas constructoras ya estaban golpeadas por deudas acumuladas, especialmente en el ámbito público. En el caso de la Alcaldía de Santa Cruz, asegura que la falta de pagos y contratos sin respaldo terminó afectando seriamente al sector. “Ha sido el cementerio de empresas”, dice.

“La actividad resiste”
Entre bolsas de cemento que ya no cuestan lo mismo y presupuestos que cambian mes a mes, la construcción en Bolivia aprendió a moverse en terreno inestable.

“Se puede afirmar tranquilamente que la construcción ha subido en Bolivia el 50%”, dice Carlos Hossen, director de la Cámara Boliviana de Desarrolladores Inmobiliarios (CBDI), al describir un sector.

Aunque desde noviembre los precios se estabilizaron con variaciones menores, el impacto ya se siente en todo el sector. El encarecimiento de insumos importados y las fallas logísticas elevaron los costos de obra, mientras la mano de obra se mantuvo relativamente estable. Esto derivó en un aumento de entre 20% y 30% en el precio final de viviendas.

La demanda se enfrió y los desarrolladores operan con cautela. “Hoy están haciendo proyectos con más riesgo, pero con mucha más precaución”, explica Hossen.

Con un déficit habitacional de 1,9 millones de viviendas y un fuerte peso en el empleo, el sector pide medidas urgentes, especialmente mayor acceso al crédito y estabilidad económica.

Al final, la crisis no se mide solo en porcentajes. Sino en jornadas vacías y en presupuestos que no alcanzan, porque mientras el costo de construir sube, el trabajo —para muchos— cada vez vale menos.  (El Deber)