El cambio climático ya está poniendo a prueba la infraestructura de transporte

TRANSPORTE. La ola de calor que afecta a Europa ha provocado deformaciones en vías férreas, daños en carreteras y restricciones ferroviarias. Esto refleja la urgencia de adaptar la infraestructura a fenómenos extremos cada vez más frecuentes.
Las altas temperaturas que afectan a gran parte de Europa ya no solo representan un riesgo para la salud de las personas. También están poniendo a prueba carreteras, vías férreas, puentes y sistemas de transporte construidos para condiciones climáticas muy diferentes a las actuales.
En los últimos días, varios países europeos han registrado interrupciones y daños asociados al calor extremo. En la ciudad alemana de Leipzig, por ejemplo, el material sellante que une los rieles del tranvía con el pavimento se derritió debido a las altas temperaturas, obligando a suspender temporalmente varias líneas mientras se realizaban trabajos de reparación.
En las redes ferroviarias de Bélgica, Dinamarca, Francia y el Reino Unido también se reportaron retrasos y cancelaciones de trenes. Entre las principales causas figuran la deformación de las vías por la expansión del acero, el deterioro del asfalto, el sobrecalentamiento de los sistemas de señalización, fallas en los equipos de aire acondicionado a bordo y dificultades para la navegación fluvial provocadas por las condiciones extremas.
Alemania también registró daños en distintos tramos de autopistas, donde el calor provocó el levantamiento y la fractura de placas de hormigón, obligando a restringir la circulación y ejecutar reparaciones de emergencia.
Para la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa (UNECE), estos problemas no constituyen hechos aislados. Son una muestra de cómo el cambio climático ya está afectando el funcionamiento de la infraestructura de transporte.
«El actual episodio de calor extremo en Europa occidental ha puesto de manifiesto los riesgos climáticos y sus consecuencias para el transporte», señaló un portavoz de la Comisión a Noticias ONU.
Diseño para otro clima
El informe de la UNECE advierte que carreteras, ferrocarriles, puertos, aeropuertos y vías navegables de Europa, Asia Central y América del Norte enfrentarán fenómenos meteorológicos cada vez más intensos durante las próximas décadas.
Hacia la segunda mitad del siglo, estas infraestructuras deberán soportar entre 10 y 50 días adicionales al año con temperaturas superiores a los 25 °C. A ello se sumará el incremento de las lluvias intensas y de las inundaciones, que aumentará el riesgo de deslizamientos de tierra, fallas en terraplenes, sobrecarga de los sistemas de drenaje y daños en carreteras, líneas ferroviarias y vías navegables.
La Comisión advierte que, si no se adoptan medidas de adaptación, las pérdidas económicas derivadas de estos fenómenos extremos podrían dispararse.
«Los sistemas de transporte son vitales para el buen funcionamiento de nuestras sociedades y economías», afirmó la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para Europa de las Naciones Unidas, Tatiana Molcean. Sin embargo, advirtió que «las interrupciones pueden tener consecuencias dramáticas para las comunidades y suponer enormes costes financieros».
Como ejemplo, el informe recuerda que la temporada de huracanes del Atlántico de 2024 dejó daños estimados en 232.000 millones de dólares. Solo las pérdidas en los puertos alcanzan unos 7.500 millones de dólares anuales, mientras que el riesgo sistémico para el transporte marítimo mundial, el comercio, las cadenas de suministro y la actividad económica se estima entre 81.000 y 122.000 millones de dólares cada año.
Frente a este escenario, la Comisión sostiene que invertir en resiliencia resulta ampliamente rentable. Según el informe, cada dólar destinado a adaptación climática genera más de diez dólares en beneficios económicos, sociales y ambientales, al reducir daños, interrupciones y costos de reconstrucción.
El calor extremo puede afectar a sectores de infraestructura como el transporte, cuando las carreteras, las pistas de aterrizaje y las vías férreas comienzan a deformarse. © Adobe Stock/Napol
Adaptarse ya no es una opción
El informe también presenta herramientas para ayudar a gobiernos y operadores a anticipar los impactos del cambio climático. Incluye mapas con proyecciones de temperatura y precipitaciones que permiten identificar las redes y nodos de transporte con mayor exposición a riesgos y realizar evaluaciones de vulnerabilidad a escala local.
Además, recoge experiencias de países que ya comenzaron a adaptar sus infraestructuras.
En Francia, un plan nacional de adaptación prepara al país para escenarios de calentamiento de hasta 3 °C hacia finales de siglo e incluye la evaluación de la vulnerabilidad de 21.073 kilómetros de carreteras nacionales, además del diseño de una estrategia de adaptación para 3.000 estaciones ferroviarias.
Alemania, por su parte, desarrolló análisis basados en mapas climáticos de alta resolución para identificar los tramos ferroviarios con mayor riesgo frente a deslizamientos de tierra y movimientos de ladera, permitiendo priorizar las medidas de protección.
Portugal incorporó pavimentos resistentes a altas temperaturas y sistemas de drenaje diseñados para soportar inundaciones con periodos de retorno de cien años en el nuevo Sistema de Movilidad de Mondego, una planificación que también considera riesgos asociados a incendios forestales y deslizamientos.
Una necesidad inmediata
Para la UNECE, estas experiencias muestran que la adaptación dejó de ser una planificación para el futuro y se ha convertido en una necesidad inmediata.
«Dado que los fenómenos meteorológicos extremos ya no son un riesgo futuro, sino una realidad actual, la adaptación de las infraestructuras de transporte es un imperativo», afirmó Molcean.
Las imágenes de rieles deformados, carreteras agrietadas y servicios ferroviarios interrumpidos durante la actual ola de calor en Europa muestran que el desafío ya no consiste únicamente en construir nuevas infraestructuras, sino en rediseñarlas para un clima que ya cambió. (Portal Verde)
