Bolivia podría pagar hasta 10 veces más si necesita importar gas natural


Un análisis de la Fundación Jubileo advierte que el país podría verse obligado a importar gas natural entre 2028 y 2029 si no logra incorporar nuevos volúmenes de producción.
Bolivia enfrenta un escenario energético cada vez más complejo debido a la caída sostenida de la producción de gas natural, el agotamiento de sus principales campos y la elevada diferencia entre el precio que pagan las termoeléctricas e industrias y el valor económico del energético en el mercado de exportación.
Un análisis de la Fundación Jubileo alerta que el país podría verse obligado a importar gas natural entre 2028 y 2029 si no logra incorporar nuevos volúmenes de producción. En ese escenario, Bolivia tendría que pagar entre 10 y 12 dólares por millón de unidades térmicas británicas (Mmbtu) frente a los 1,30 dólares que actualmente se cobran en el mercado interno, lo que representa un costo entre ocho y nueve veces mayor y que, dependiendo de las condiciones internacionales, podría aproximarse a 10 veces.
El precio interno de 1,30 dólares por Mmbtu se mantiene desde 2001 y se encuentra muy por debajo del Precio de Paridad de Exportación, calculado en 6,05 dólares. La diferencia exacta alcanza los 4,75 dólares por Mmbtu y equivale aproximadamente al 78,5% del precio de referencia, porcentaje que se redondea al 79%.
Esta brecha constituye una subvención económica implícita, ya que las termoeléctricas y las industrias cubren alrededor del 21% del valor de referencia del gas. No significa necesariamente que el Estado desembolse en efectivo la totalidad del 79% restante, sino que el país renuncia a una parte del ingreso que podría obtener si ese mismo volumen fuera comercializado al precio de exportación.
La Fundación Jubileo considera que, mientras Bolivia continúe exportando gas natural, el Precio de Paridad de Exportación debería utilizarse como una referencia mínima para valorar el recurso destinado al mercado interno. El bajo precio vigente reduce los ingresos calculados para regalías y el Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH), además de disminuir los incentivos para que las empresas inviertan en exploración y desarrollo de nuevos campos.
El analista en hidrocarburos de la Fundación Jubileo, Raúl Velásquez, estima que una eventual compra boliviana se situaría entre 10 y 12 dólares por Mmbtu. Asimismo, el país enfrentaría dificultades relacionadas con la disponibilidad regional, debido a que Argentina incrementa su consumo durante el invierno y tiene limitaciones de excedentes y transporte entre mayo y septiembre.
La posibilidad de convertirse en importador está vinculada con el fuerte descenso de la producción nacional. Bolivia pasó de producir 60,3 millones de metros cúbicos diarios en 2015 a 26,6 millones hasta mayo de 2026, lo que representa una reducción aproximada del 55,9% en 11 años.
El declive responde principalmente al agotamiento natural de los grandes campos como San Alberto, Sábalo, Margarita-Huacaya e Incahuasi-Aquío. Aunque algunos otros ingresaron en operación, sus aportes no fueron suficientes para compensar la disminución de los megayacimientos.
La caída de la producción tiene consecuencias directas sobre la economía nacional. Cada millón de metros cúbicos que deja de producirse reduce la capacidad de exportación, el ingreso de divisas, las regalías que reciben los departamentos productores y la recaudación por el IDH.
La menor disponibilidad de gas también puede afectar al sistema eléctrico. Según los datos expuestos por Velásquez, aproximadamente el 70% de la energía consumida en Bolivia procede de plantas termoeléctricas que funcionan con gas natural, mientras que las hidroeléctricas aportan cerca del 28% y el porcentaje restante corresponde a fuentes solares y eólicas.
El reducido precio del gas utilizado por las termoeléctricas también dificulta la competencia de proyectos hidroeléctricos, solares y eólicos, porque estas tecnologías deben enfrentarse a plantas que generan electricidad con un energético vendido por debajo de su valor de exportación.
Por ello, Jubileo plantea acelerar la construcción de centrales hidroeléctricas medianas y pequeñas, junto con una mayor incorporación de energías renovables.
Además, la dependencia de las importaciones de diésel y gasolina para abastecer el mercado nacional exige una disponibilidad constante de dólares y aumenta la presión sobre las finanzas públicas y las reservas internacionales.
La Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) registra para 2026 un precio de Bs 6,96 por litro de gasolina especial y Bs 9,80 por litro de diésel. El análisis difundido por Jubileo expresa estos valores en aproximadamente 0,65 dólares para la gasolina y 0,92 dólares para el diésel, respectivamente.
De acuerdo con la comparación regional incluida en el análisis, el diésel boliviano se mantiene por debajo de los precios registrados en Perú (1,65 dólares), Argentina y México (1,55 dólares), Chile ($us 1,35) y Brasil ($us 1,30).
En gasolina, el precio estimado de 0,65 dólares por litro en Bolivia también se encuentra por debajo de los valores señalados para Uruguay ($us 2,20), Costa Rica ($us 1,66), México (1,62) y Chile (1,59).
Entretanto, la diferencia entre los precios bolivianos y los de los países vecinos incrementa el riesgo de contrabando.
Frente a este escenario, la Fundación Jubileo identifica cinco medidas urgentes: garantizar la disponibilidad de dólares para importar combustibles en el corto plazo; ajustar gradualmente el precio interno del gas natural; desarrollar sistemas de transporte público masivo para disminuir el consumo de carburantes; aprobar una nueva Ley de Hidrocarburos; y establecer condiciones de seguridad jurídica que permitan atraer inversiones de largo plazo.
También propone vincular progresivamente los precios de los carburantes con las cotizaciones internacionales, crear un fondo de estabilización y aplicar políticas sociales focalizadas para proteger a los sectores más vulnerables frente a eventuales incrementos.
Velásquez advierte que, sin inversiones capaces de convertir los proyectos exploratorios en producción comercial, Bolivia continuará dependiendo de reservas descubiertas hace décadas.
Mientras la producción siga descendiendo, aumentará la posibilidad de que el país tenga que importar gas a precios considerablemente superiores, con efectos sobre el costo de la electricidad, los ingresos públicos, el abastecimiento interno y la disponibilidad de divisas. (Con datos de la Fundación Jubileo y Periodismo Que Cuenta). Referenciageográfica

Pie de foto: Crédito: RRSS (El Diario)