Reglamento del BCB enfrenta su primera prueba cambiaria


> La RD 117/2026 delimita las intervenciones del Banco Central en el mercado de divisas. Su publicación coincidió con la primera reducción del tipo de cambio oficial y con el acuerdo técnico entre Bolivia y el FMI, dos señales que podrían moderar las expectativas, aunque todavía no garantizan la estabilidad del dólar.

El Reglamento de Compra y Venta de Dólares, aprobado mediante la Resolución de Directorio Nº 117/2026 del Banco Central de Bolivia (BCB), se convierte en una pieza central del nuevo régimen cambiario porque establece las condiciones bajo las cuales la autoridad monetaria podrá intervenir ante movimientos bruscos de la cotización.
La importancia de la norma radica en que define el margen de actuación del Banco Central en un mercado donde el precio del dólar ya no permanece inmóvil, sino que puede subir o bajar según el comportamiento de la oferta y la demanda. El BCB mantiene la posibilidad de intervenir para evitar distorsiones extremas.


El analista y economista Oswaldo Irusta Díaz, en entrevista con EL DIARIO, dijo que el reglamento confirma que Bolivia aplica un régimen flexible y administrado: flexible porque la cotización responde a las condiciones del mercado y administrado ya que la autoridad monetaria conserva mecanismos de intervención.
Según su interpretación, el BCB no debería utilizar sus reservas para frenar cada incremento del dólar, sino actuar solamente cuando se produzca una sobrerreacción o “overshooting”: un salto “intradiario” brusco y desproporcionado que aleje la cotización de su nivel de equilibrio y amplíe repentinamente la brecha con el mercado paralelo.
“Si el BCB interviniera cada vez que el dólar sube, las reservas se agotarían rápidamente. Hacerlo sería insostenible”, afirmó Irusta en declaraciones al Decano de la Prensa Nacional.
La finalidad del mecanismo, explicó, no sería imponer un valor artificial ni impedir que el tipo de cambio refleje la disponibilidad real de divisas, sino contener episodios excepcionales de volatilidad, especulación o pánico.
Este enfoque obliga al BCB a encontrar un equilibrio delicado. Una intervención permanente podría consumir los dólares disponibles y convertir el nuevo esquema en una variante del anterior régimen fijo. Pero una ausencia completa de intervención ante movimientos extremos podría profundizar la incertidumbre, elevar los precios y alimentar nuevas compras precautorias.


“Un régimen flexible con intervención excepcional permite que el tipo de cambio siga su trayectoria natural hasta encontrar equilibrio”, sostuvo el economista.
El reglamento adquiere mayor relevancia porque fue publicado en las primeras semanas de funcionamiento del nuevo esquema. El Banco Central de Bolivia comenzó a evaluar públicamente la flexibilización cambiaria a finales de junio, después de la modificación del sistema que había mantenido prácticamente inmóvil la cotización oficial durante varios años.
La primera prueba de la RD 117/2026 llegó inmediatamente. Irusta indicó que el viernes 31 de julio el tipo de cambio oficial registró su primera reducción desde la aplicación del régimen flexible y fue fijado en Bs 12,13 para el lunes 3 de agosto, dos centavos menos que la cotización anterior.
El movimiento rompió la tendencia ascendente de las semanas precedentes. Según el análisis del economista, la cotización oficial cerró por primera vez por encima del valor observado en el mercado paralelo.


La diferencia es importante porque, durante la escasez de divisas, el precio paralelo había funcionado como referencia para numerosas operaciones comerciales. La aproximación entre ambas cotizaciones puede ser una señal de menor tensión, aunque todavía es prematuro hablar de una convergencia definitiva.
No existe información pública que confirme que el Banco Central haya vendido dólares para provocar la reducción. Irusta recordó que la entidad anunció que cualquier intervención sería comunicada oportunamente, por lo que la baja podría haberse producido por una modificación de las expectativas y por una menor presión de los compradores.
Cuando empresas, comerciantes y familias anticipan que el dólar seguirá aumentando, tienden a adelantar sus compras para proteger sus recursos o garantizar futuras importaciones. Esa demanda precautoria incrementa la presión sobre el mercado y puede acelerar la subida incluso antes de que exista una necesidad efectiva de utilizar las divisas.


La publicación del reglamento puede disminuir esa incertidumbre porque aclara que el ente emisor dispone de instrumentos para enfrentar movimientos extremos. Sin embargo, el experto considera que el anuncio con mayor impacto sobre las expectativas fue el acuerdo técnico alcanzado entre Bolivia y el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El Gobierno y el FMI llegaron a un entendimiento a nivel técnico para un programa de financiamiento de $us 1.900 millones durante 36 meses. El convenio tiene como objetivo contribuir a la reconstrucción de las reservas internacionales, aliviar la escasez de dólares y respaldar reformas fiscales, monetarias y estructurales.


El acuerdo todavía debe ser aprobado por el Directorio Ejecutivo del FMI y por la instancia legislativa correspondiente en Bolivia. Por tanto, no puede ser presentado como un desembolso ya disponible ni como un crédito definitivamente consolidado.
La expectativa de recibir esos recursos, no obstante, puede reducir el temor de que la escasez de divisas se profundice en los próximos meses. También podría abrir el acceso a financiamiento adicional de otros organismos multilaterales, aunque esos recursos dependerán de negociaciones y aprobaciones posteriores.


Desde la perspectiva de Irusta, el acuerdo con el organismo internacional puede contribuir a estabilizar las expectativas porque anticipa una mayor disponibilidad de dólares y compromete al Gobierno a operar dentro de un programa macroeconómico con metas y evaluaciones.
Ese efecto no significa que el financiamiento externo resuelva automáticamente los problemas cambiarios. El crédito puede reforzar temporalmente la liquidez y las reservas, pero no reemplaza la generación permanente de divisas mediante exportaciones, inversión, producción, turismo, remesas y otras actividades económicas.


“El tipo de cambio no baja por voluntad política; baja cuando la economía genera suficientes dólares para cubrir la demanda de importaciones”, puntualizó Irusta.
La afirmación marca una diferencia entre estabilizar las expectativas y solucionar las causas estructurales de la escasez. El reglamento del BCB puede ordenar la intervención, mientras que el acuerdo con el FMI puede aportar financiamiento y credibilidad. Aunque la estabilidad de largo plazo dependerá de la capacidad del país para producir ingresos externos suficientes.
La disminución de dos centavos constituye un dato relevante porque demuestra que, bajo un régimen flexible, el tipo de cambio puede moverse en ambas direcciones. Sin embargo, no representa todavía una tendencia consolidada.
“Un solo dato no basta para afirmar que las expectativas ya están ancladas”, advirtió.
La confirmación deberá observarse en el comportamiento de las próximas semanas. Una estabilización no supone necesariamente que el dólar baje todos los días, sino que presente movimientos moderados, sin saltos desproporcionados y con una progresiva reducción de la distancia entre el precio oficial y el paralelo.
En un sistema flexible, la cotización puede aumentar cuando la demanda de dólares supera su disponibilidad y retroceder cuando ingresan más divisas, disminuyen las compras preventivas o mejora la confianza sobre la situación económica.
Por ello, el descenso a Bs 12,13 tiene inicialmente un significado estadístico y psicológico. Interrumpe la sucesión de incrementos y muestra que la cotización oficial no está programada para avanzar solamente hacia arriba.
El desafío para el Banco Central de Bolivia será aplicar la RD 117/2026 con transparencia. La entidad deberá informar sus intervenciones, explicar las razones de cada operación y evitar que el mercado interprete sus acciones como la defensa de un precio político.
Asimismo, tendrá que demostrar que dispone de recursos suficientes para contener una eventual sobrerreacción sin comprometer las reservas destinadas a importaciones, obligaciones externas y otras necesidades de la economía.
Por su parte, el Gobierno deberá informar con precisión las condiciones del programa con el FMI, las metas fiscales y monetarias, el calendario de desembolsos y las reformas que deberá aplicar el país. Un acuerdo de esta naturaleza no solo proporciona recursos; también implica compromisos cuya ejecución tendrá efectos económicos y sociales.
El economista considera que el reglamento del BCB y el entendimiento con el Fondo Monetario actúan, por ahora, como señales complementarias. La primera establece cuándo podría intervenir la autoridad monetaria; la segunda reduce el temor a que Bolivia quede sin fuentes externas de dólares.
“Ambas señales pueden reducir la demanda precautoria y contribuir a que el mercado opere de manera más calmada”, manifestó.
La evolución cambiaria durante agosto permitirá determinar si la primera reducción respondió a una estabilización inicial de las expectativas o si fue solamente una corrección temporal dentro de una tendencia todavía incierta.
La prueba decisiva no depende de que el dólar continúe bajando de manera ininterrumpida.
La RD 117/2026 abre, en consecuencia, una nueva etapa para la administración del mercado de divisas. Su efectividad dependerá de la disciplina y transparencia del Banco Central, de la aprobación y ejecución del programa con el Fondo Monetario Internacional y, principalmente, de que la economía boliviana vuelva a generar los dólares necesarios para financiar sus importaciones y sostener su actividad productiva. (El Diario)